Dejar entrar al viejo

por | Jul 31, 2023 | Artículos

He leído estos últimos días un par de artículos que repiten un mismo argumento: no hay que dejar entrar la imagen del viejo en nuestra mente, cuando tenemos cierta edad, para poder seguir estando activo, tener proyectos vitales y mantener un alma joven.

La expresión literal “no dejar entrar al viejo” se vincula con un pensamiento de Clint Eastwod, el cual sería convocado de forma frecuente por el fructífero actor, director y productor de cine ayudándole a ser un hombre activo, fecundo y lleno de creatividad a sus 93 años. No voy a poner en duda que el que fuera un icono de la masculinidad y representante del ideal heroico durante décadas sea capaz de “rentabilizar” el pensamiento indicado, permitiéndole un impulso vital extra, pero habría que matizarlo y, ¿porqué no?, cuestionarlo.

He de reconocer mi admiración por este monstruo de la interpretación y dirección cinematográfica y su capacidad de seguir estando activo en su trabajo, pero permitirme que cuestione que sea bueno presentarlo como un ideal universal del yo-sí mismo (dudo de los ideales colectivos) y como imagen general a imitar.

El camino hacia la vejez, así como hacia la muerte, en mi humilde opinión, es también una oportunidad de renovación si dejamos entrar al viejo, aunque bajo una forma particular: la del “viejo sabio”.

Es conocida la imagen arquetípica del viejo sabio (C. G. Jung) y de cómo en diferentes comunidades tribales el consejo de ancianos desempeñaba un papel fundamental como orientador y guía, representando la experiencia vital y la sabiduría acumulada, siendo consultado cuando había que tomar decisiones trascendentes para la comunidad.

Vivimos una sociedad donde se ensalza la juventud eterna, la capacidad de lucha, la superación y la productividad. La duda, la tristeza y el miedo son propias del ser débil. El ideal de crecimiento sin límites nos puede sugerir la imagen de un cáncer que acaba por invadir todo el tejido social, destruyendo nuestra propia humanidad y convirtiéndonos en autoexplotados. No hay tiempo para demorarse (B. C. Han), la lentitud sería una tara de la vejez, el ideal del joven ejecutivo, agresivo y con objetivos claros, se convierte en un patrón a imitar. Hay que resolver pronto y de forma eficaz, la superación hercúlea es su bandera, no hay tiempo para duelos, tristezas o “pensamientos negativos”.

  1. C. Han en su libro “Caras de la muerte” cita la diferencia entre la idea que podía tener Platón de la elaboración del duelo y la del médico Rural de Kafka. Para el fundador de la Academia, lo suyo sería un duelo rápido, coser la herida lo más rápidamente posible, mantener abierta la herida sería lo infantil. Sin embargo, para el médico rural de Kafka habría que dejar abierta la herida, favorecer que respire y no permitir que se cierre prematuramente. E. Cannetti en su libro “El corazón secreto del reloj” describe este proceso aludiendo a que la herida puede acabar siendo como un pulmón a través del cual se respira.

La consciencia de la vejez y de la muerte puede servir como una experiencia del despertar.  La pérdida de la juventud y la elaboración de su duelo se puede convertir en un catalizador sumamente útil que nos permita apreciar lo realmente valioso de la vida. Montaigne sugirió que los escritores debían mirar a un cementerio para estimular su pensamiento creativo.

El viaje hacia la vejez, con las limitaciones físicas y cognitivas con las que nos tenemos que familiarizar, puede cristalizar en una experiencia iniciática en la que encontrarnos con la lentitud, la debilidad, la impotencia, la derrota y la dependencia pueda convertirse en un juego de reacciones catabólicas que nos empujen hacia un punto de bifurcación del cual surjan nuevas formas y equilibrios que nos den una sabiduría más compleja y honda (inspirado en las estructuras disipativas de I. Prigogine)

Estoy planteando que el viejo sabio interior puede ser una imagen que nos estimule para seguir creciendo, pero un crecimiento desligado de la productividad irracional y que se dirige a construir un alma más rica y profunda.

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